«DIENTES DE LEÓN»

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29
SEP

Un hombre que se sentía orgullosísimo del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de dientes de león. Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.

Al fin escribió al ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía la carta preguntando: «¿Qué puedo hacer?». Al poco tiempo llegó la respuesta: «Le sugerimos que aprenda a amarlos».

Como ya os adelanté hace unas semanas (en colación a la película La chica danesa) hoy en el blog quiero hablaros sobre ACEPTACIÓN.

En la vida llegarán momentos donde nos ocurrirán situaciones incómodas sobre las que no podremos hacer nada para modificarlas: el fallecimiento de un ser querido, un hecho del pasado, una enfermedad… Reconocer que no podemos cambiarlas y que sólo nos queda la aceptación de la misma es un paso fundamental para mantener una estabilidad psicológica que nos de tranquilidad y ahorre energías.

Puedes negarlas indefinidamente, pero desgraciadamente en casos así, lo único posible es la aceptación de lo ocurrido. Por injusto que resulte. La aceptación sirve para eso, para darte cuenta de la realidad que te rodea y no mentirte a ti mismo/a. Para saber qué puedes hacer, y qué no. Dónde puedes gastar tus energías con éxito y donde es una batalla perdida que por mucho que duela hacerlo, debes dejar de intentar ganar.

Aceptar no significa Conformarse:

  • La aceptación va encaminada a tolerar una situación, saber que la vida es así y no todo puede ser bueno, pero inclinándose hacia la acción. Aceptar, es abandonar una lucha hacia algo que no tiene solución y buscar otros caminos que nos permitan vivir como nos gustaría.
  • La conformidad se produce cuando las cosas no son como queremos, nos cerramos en banda y tendemos a la falta de acción y estancamiento, deseando cambiar una y otra vez los hechos sin nunca lograrlo. Entonces aparecen las emociones negativas y nos rendimos. La persona no moverá un dedo para cambiar su situación, lo que provocará cada vez más frustración.

Como rezaba San Francisco de Asís:

"Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia".

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