LA IRA

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29
OCT
La ira

<< Se cuenta que había una vez un niño que siempre estaba malhumorado y de mal genio. Cuando se enfadaba, se dejaba llevar por su ira y decía y hacía cosas que herían a los que tenía cerca. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que tuviera un ataque de ira clavase un clavo en la puerta de su habitación. El primer día clavó treinta y siete. En el transcurso de las semanas siguientes el número de clavos fue disminuyendo. Poco a poco, fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira, que clavar clavos en aquella puerta de madera maciza. Finalmente, llegó un día en que el niño no clavó ningún clavo. Se lo dijo a su padre y éste le sugirió que cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta.

Pasó el tiempo y, un día, le dijo al padre que ya había sacado todos los clavos. Entonces éste cogió de la mano al hijo, lo llevó a la puerta de la habitación y le dijo:

-Hijo, lo has hecho muy bien, pero mira los agujeros que han quedado en la puerta. Cuando una persona se deja llevar por la ira, las palabras dejan cicatrices como éstas. Una herida verbal puede ser tan dolorosa como una herida física. La ira deja señales. ¡No lo olvides nunca! >>

La ira, rabia o enojo es una emoción básica del ser humano (junto con la alegría, la tristeza, la sorpresa, el asco y el miedo). Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta.

Todos sabemos en qué consiste la ira, no seré yo quién os la descubra. Siempre digo que las emociones no son malas nunca, está muy bien sentir, pero hay que saber cómo la manejamos. Si no controlamos esta emoción las consecuencias pueden ser fatales hasta el punto de controlarnos ella a nosotros y no al revés:

  • Tendemos a pensar peor de los demás cuando nos encontramos airados.
  • La ira nos hace menos reflexivos.
  • Cuando nos hallamos bajo su influjo, tendemos a hacer juicios rápidos basándonos bien en las características más superficiales.
  • Existe una estrecha relación entre la ira y el desarrollo de enfermedades coronarias y mayor posibilidad de hipertensión.

El manejo de las emociones, como todo, se puede aprender y llegar a controlarlas antes de que ellas se hagan con el poder.

¿Estáis dispuestos?

Nos leemos el jueves ;) y muy pronto novedades en el Blog…

Feliz semana

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